Cuando Donald Trump comía con aceite de oliva virgen extra

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Trump comiendo fast food en su avión privado durante la campaña Foto: Twitter @realDonaldTrump

Donald Trump se ha pasado media campaña comiendo en público hamburguesas, pizzas y pollo frito para dar una imagen de cercanía con las clases medias-bajas de Estados Unidos. Nadando sobre la ola de las encuestas, no siempre predicó esta imagen gastronómica tan del gusto de los norteamericanos y que tantos miles de millones de euros cuesta cada año al débil sistema sanitario norteamericano por problemas cardiovasculares y de obesidad. Haciendo, además, un flaco favor a las campañas contra las grasas trans que durante años impulsó su colega republicano, el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani.

En el año 2004, el ahora candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos publicó uno de sus más polémicos libros: Think like a billonaire. En él dejaba muy claras sus preferencias  sobre la comida. “No se puede pensar como un multimillonario, también hay que comer como uno”.

Por aquel entonces, Trump -muy preocupado siempre por no subir de peso y aparentar menor edad- contaba con los servicios de un conocido chef personal, Greg Gregson, que trabajaba en el exclusivo Mar a Lago de Palm Beach en Florida.

En sus menús no faltaba incluso el aceite de oliva: “El desayuno puede consistir en una tortilla de huevo blanco con espinacas, tomates y un poco de queso feta, una pequeña pieza de fruta tropical, y un zumo de naranja recién exprimido. El almuerzo puede ser una pequeña porción de tilapia (pescado) y verduras al vapor con hierbas frescas y aceite de oliva virgen extra, servido con salsa de yogurt en helado, té helado con limón y arándanos frescos para el postre”.

Por el lado de la producción y el comercio de aceite de oliva, los productores  de la mayor zona productora oleícola de Estados Unidos miran con dos varas de medir el efecto Trump sobre el olivar norteamericano. Por un lado, creen que si ganara Trump aumentaría el proteccionismo sobre las importaciones de todo tipo de productos, incluidas las agrarias, lo cual les agrada. Pero también saben que endurecería la política de inmigración, principal mano de obra del sector olivarero en el Estado de California -sobre todo centroamericanos de El Salvador y Nicaragua- y también de México, lo que provocaría una subida de sus costes.

Sus posturas contra la inmigración mexicana han provocado incluso que el chef español -con nacionalidad también norteamericana- José Andrés no siguiera con su proyecto de restaurante ThinkFoodGroup en el hotel de Trump en Washington. El magnate le pide 10 millones de dólares por “incumplimiento de contrato”.

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