El aceite de acebuche virgen extra, el gran olvidado en campaña

acebuches

Cuando cientos de miles de hectáreas de olivar están siendo recolectadas estas semanas en casi toda España, y durante todo el año reciben la atención y cuidados de los olivicultores en la poda, abonado y desmamonado, hay un árbol que a menudo pasa desapercibido a su lado: el acebuche. El Olea europea sylvestris suele ser de menor tamaño –aunque hay ejemplos de acebuches majestuosos– y con un fruto de menor tamaño. Pero que rara vez se recolecta.

Algunas almazaras lo están intentando recuperar, como es el caso de Monva, con su Dominus Acebuche, elaborado con acebuchinas de acebuches silvestres que crecen a 600 metros de altitud en las laderas de los cerros del Cortijo Virgen de los Milagros, en las estribaciones del Parque Natural de Sierra Mágina. Han llegado a elaborar más de 700 litros de aceite de acebuche virgen extra, con muy alto contenido en antioxidantes naturales y gran riqueza tradicional. De color verde dorado, resulta muy aromático y de picante progresivo.

Otra almazara, Mudéjar Alcazarín de Monda, en la Sierra de las Nieves de Málaga, también elabora un magnífico virgen extra de acebuche, su Mudéjar Edición Especial, gracias al empeño y sabiduría de uno de sus dueños, Francisco Vaillanueva, conocido médico de la zona.

Este tipo de aceites presenten un rendimiento mucho menor, que no supera nunca el 10% en línea con otras variedades de aceituna de menor tamaño, y presenta mayores costes en la recolección del fruto, sus mayores hándicaps.

En mercados lejanos como el japonés, el virgen extra del olivo silvestre resulta ya demandado para sus usos cosméticos, aún más beneficiosos que los del aceite de oliva virgen extra.

En otros casos, los acebuches se han convertido en un reclamo turístico, como los ejemplares gigantes que serpentean el Parque Natural de la Sierra de Grazalema en Cádiz de hasta cuatro metros de diámetro en algunos casos. Uno de los más bellos de apreciar es el conocido como Acebuche de la Ciudad Romana de Ocuri, en la Sierra de Benalfí, entre los restos romanos de una antigua ciudad romana.

Aunque si nos fijamos bien, en miles de hectáreas de olivar de sierra de muchas zonas de España nos encontraremos ejemplares de acebuche de distinto porte que sirvieron en su tiempo de origen de lo que es hoy el olivar de sierra en España. Ahora su fruto, salvo singulares excepciones, sirve para dar de comer a los pájaros que agradecen su exquisito bocado.

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